La educación a distancia es un negocio estructurado y sustentado en la necesidad de la gente de aprender y lograr un estatus diferente al que posee. Desde esta perspectiva, debemos de dejar de lado la figura del “perfil del aspirante” que tanto se maneja en el sistema particular escolarizado, por el cual nos movemos.

Aquí de lo que se trata es “educar” a quien quiera educarse, sin la presión convencional de la familia, de los amigos, etc., de terminar una carrera u obtener un grado; aquí se supone que es la libre voluntad del individuo que desea instruirse en algún arte o disciplina que no maneja.

Las escuelas de iniciativa privada han tratado de capitalizar esta necesidad globalizada de aprender lo que no sabemos ofreciendo paquetes, promociones, ofertas, entre muchas otras cosas; que brindan la práctica obtención de un título, un grado o en el peor de los casos un diploma que nos acredita como técnicos en algo.

En esa transacción comercial ¿estamos perdiendo la cadena del proceso enseñanza-aprendizaje? o ¿estamos vendiendo títulos por Internet?, será acaso que estamos creando a los hombres y mujeres del futuro, que creen que todo se compra; que solo son entes automatizados y ligth que no poseen la capacidad de admirarse por descubrir, leer reescribir su historia.

Lamentablemente el proceso de enseñanza-aprendizaje se ha ido modificando en aras de la “tecnología” que nos invade día con día, no por que sea mala o me encuentre yo renuente al uso de los grandes avances tecnológicos como las computadoras, teléfonos celulares, faxes, video proyectores, ipods, etc., en lo que estoy en contra es en la deshumanización de nuestros estudiantes, en la superficialidad de los programas, en la ligereza de los padres de los universitarios que consideran que ya son “hombres y mujeres responsables” y no ponen un mínimo de atención en lo que hacen sus hijos; también estoy en contra de las autoridades escolares que minimizan la función de los docentes y favorecen a los alumnos solo porque pagan una colegiatura; y que decir de los maestros que al repartir dieces a manos llenas se creen que son los mejores maestros de la Institución.

Bajo ese tenor, ¿parece tan mala la educación a distancia, en donde la compra quien quiere comprarla?, posiblemente no, tal vez se trata de un extraño caso de verdadera superación de las personas de manera propia y sin coacciones a un módico precio.

Tal vez deberíamos poner más atención al fenómeno “educación a distancia” y procurar elaborar programas y propuestas que involucraran al estudiante a interrelacionarse aún que sea en línea con otros estudiantes que comparten sus inquietudes y aficiones, para lograr esa despersonalización de la educación a distancia.

Ahora que si hablamos de que esta educación se imparte en virtud de las grandes distancias que existen entre el estudiante y el centro escolar, también debemos de poner especial empeño en conformar los programas de manera adecuada para suplir las carencias de educación personalizada que presenta este tipo de programas.

El mundo de la educación (enseñanza-aprendizaje) es en extremo complejo, pero no imposible; sobre todo no debemos de perder de vista que estamos tratando con seres humanos que sienten, piensan y actúan, quienes serán los líderes de opinión en futuro muy próximo.